miguel,
sé que estás allí escondido,
sé que tu sombra, calzada de aprensiones,
sufre ingravidez total de plenilunio.
las horas,
las partes de este ser
ebullen esperando que te pongas
esas partes.
las he dejado allí,
adrede,
para evitarte el oficio de
buscarlas.
así, y quién sabe, tomé el caliz de tu sangre
y lo pasé por mi existencia diciendo:
"descansa ya de todo,
y ven conmigo. esperemos,
inhumánicamente hablando,
el valioso plenum de la vida."
del mismo modo,
acabada la cena,
cogí las partes todas de mi cuerpo
y las dejé regadas en tu ruta
para que las vistas y puedas
sentir
bajo mi piel
lo que siento cada vez que
intento
ser humano.
tuyo es el poder, tuyo es el reino
y la gloria
por siempre,
miguel.
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