Tú, usted y tú.

Si voy a hablar de usted,
es lo que digo,
si voy a hablar de usted, 
empezaré conmigo mismo a hablar de 
mí,
de mis carencias telúricas o de la
voz de niño que se esconde
a la espalda de un recuerdo.


Estoy aquí, pues
bien, 
intentando hacerte llana la
lectura del por qué y el cómo
a pesar mucho del tiempo, 
tu verbo ser y tu
verbo estar
todavía me habitan.


Estoy aquí, dormido,
viviendo eternamente este 20 de 
agosto, cuando me 
demostraste que el tiempo
no tiene compasión, 
del mismo modo el hambre, 
la sed y las carencias.
¡Cuánta falta de compasión nos tiene
el hambre!
Y tu mirada, la suya, 
todavía entre mis ojos.


Y usted, otra vez tú,
miras de reojo cómo avanzan
las arenas que descienden
y cómo se mueven esos brazos
que amenazan no volver.
Y el tiempo que se pierde.
Y usted,
y tú,
y usted, de nuevo
y quién sabe.


 

2 Comentarios:

MariluzGH dijo...

Los recuerdos que con la misma intensidad nos mantienen de pie y nos aniquilan... nunca aprendemos a vivir sin ellos ¿verdad?

abrazos :)

((( rodrigo luyo ))) dijo...

Nunca. De hecho es mejor recordar para aprender que seguir viviendo como si nada.

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